viernes, 29 de julio de 2011

El escondite.

Una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre. 
El aburrimiento bostezaba, como siempre, cuando La locura les propuso:
- ¡Vamos a jugar al escondite!
La intriga levantó la ceja, intrigada, mientras La curiosidad, sin poder contenerse, preguntaba : ¿Al escondite? ¿Y como es eso?
- Es un juego - Explico La locura -, Yo me tapo la cara y comienzo a contar, desde uno hasta un millón. Ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailó, secundado por La euforia.
La alegria dio tantos saltos que termino por convencer a La duda, e incluso a La apatía, a quien nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar.
La verdad prefirió no enconderse. ¿Para qué?, si al final siempre la hallaban.
La soberbia opinó que era un juego muy tonto (e el fondo lo que le molestaba era la idea no hubiese sido suya).
La cobardía prefirió no arriesgarse.

- Uno, dos tres.. Empezo a contar La locura.

La primera en esconderse fue la pereza que, como siempre, se dejo caer tras la primera piedra del camino. La fe subio al cielo y la envidia se escondio tras la sombra del triunfo que, con su propio esfuerzo, habia logrado subir a la copa del arbol mas alto.
La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecia maravilloso (para alguno de sus amigos): que si un lago cristalino, ideal para la belleza; que si la rendija de un arbol, perfecto para la timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si una rafaga de viento, magnifico para la libertad. Asi que termino por ocultarse en un rayito de sol.
El egoismo, en cambio, encontro un sitio muy bueno. Desde el principio lo encontro ventilado, comodo, eso si, solo para él.
La mentira se escondio en el fondo de los oceanos. ¡Mentira! En realidad se escondio detras del Arco Iris. Y la pasion y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido... se me olvido donde se escondio, pero bueno eso no es lo importante.
Cuando la locura contaba novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve el amor aun no habia encontrado sitio para esconderse pues todo se encontraba ocupado. Hasta que diviso un rosal, y enternecido, decidio esconderse entre sus flores.
— ¡Un millon!. Conto la locura. Y comenzo a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, solo a tres pasos de la piedra. Despues se escucho a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoologia, y a la pasion y al deseo los sintio en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontro a la envidia y, claro, pudo deducir donde estaba el triunfo. Al egoismo no tuvo ni que buscarlo, el solito salio disparado de su escondite, que habia resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintio sed, y al acercarse al lago, descubrio a la belleza.
Y con la duda resulto ser mas facil todavia, pues la encontro sentada sobre una cerca sin decidir aun de que lado esconderse. Asi fue encontrando a todos: el talento entre la yerba fresca; la angustia en una oscura cueva; la mentira detras de El Arco Iris, ¡mentira!, si ya estaba en el fondo del oceano; y hasta al olvido, al que ya se le habia olvidado que estaba jugando al escondite.
Pero solo el amor no aparecia por ningun sitio. La locura busco detras de cada arbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montanas, y cuando iba a darse por vencida, diviso un rosal y sus rosas.
Tomo una rama y comenzo a moverla cuando de pronto un doloroso grito se escucho. Las espinas habian herido en los ojos al amor. La locura no sabia que hacer para disculparse: lloro, rogo, le pidio perdon y hasta prometio ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugo al escondite en la tierra, el amor es ciego y la locurason sus ojos.

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